miércoles, 20 de abril de 2016

Mi comienzo y el mineral sucio

Comenzar algo nuevo siempre implica una emoción, positiva o negativa. Algunos ejemplos pueden ser: ganas, ilusión, sentimiento de obligación, o cualquier otra.

En mi caso, mi nueva aventura, que en poco tiempo pasó de ser "mi" a "nuestra", tenía rostro de felicidad, ganas de comerse el mundo, velocidad, amor y muchas otras más, todas positivas.
Lo malo de que todo sea positivo es que la probabilidad de decepción, de sufrimiento, se incrementa hasta límites insospechados.
Cuando te embarcas en una nueva aventura en que lo dejas todo, cuando todo lo que tienes, todo en lo que estás trabajando para conseguir y todas tus relaciones (laborales, personales y académicas) se apartan a un lado para permitirte apuntar a lo que a todas luces parece lo correcto, lo más grande, lo que hará que puedas responder "feliz" a la pregunta "¿qué tal tu vida?", apostando a todo o nada tu vida, te embriaga una sensación de adrenalina pura y te ciega de toda posibilidad de que algo salga mal.
A veces sale mal. A veces no todo el monte es orégano. A veces lo que parecía brillar como un diamante resulta ser topacio.
Con esto no quiero decir que yo sea una de esas personas que no pueden ser felices si no es con un diamante puro. Puedo ser feliz con un topacio. Lo malo del topacio es que requiere mucho más trabajo cuidarlo y pulirlo. Es más frágil que un diamante, y hay que llevarlo siempre con mucho cuidado, para que no acabe en el suelo hecho añicos.
Mi aventura no ha hecho más que empezar o, al menos, eso espero, y aún estoy analizando lo que tengo entre manos. Quizás sea un diamante en bruto, que necesita pulir, y una vez pulido durará para siempre, fuerte y brillante. Pulir un diamante lleva mucho trabajo.

El problema es, ya sea diamante o topacio, que vino muy sucio. Nunca pensé que el pasado de algo que para ti es nuevo pudiera afectar tanto a su presente y al tuyo propio.
Sobretodo cuando sabes que la suciedad de la que ahora está impregnado fue por decisión propia y no por malas casualidades de la vida.
¿Qué demonios le debió pasar por la mente para decidir que eso era lo correcto? ¿De verdad alguien puede quererse tan poco para llegar al punto de no importarse lo más mínimo? Y, si en algún momento lo pensó, ¿porqué decidió la auto compasión y la autodestrucción en lugar de luchar por ser quien era en lugar de quién los demás esperaban que fuera?

Sea como sea, voy a descifrar la composición de esta piedra preciosa que hizo que cambiara el rumbo de mi vida por completo, hasta que el destino decida por nosotros. Al menos mi conciencia está tranquila, el universo bien sabe que, para bien o para mal, he dedicado cada día de mi aventura en pulir a esta piedra por la que mi vida cambió, para darle a mi comienzo un final feliz.

RGB


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